Una de las piedras angulares en torno a la cual giran la filosofía, el espíritu y el carácter distintivo de la marca Recarlo es la precisión y la atención a la hora de elegir los materiales más preciados. El símbolo principal de nuestras colecciones es, sin duda, el diamante. Una joya que contiene, en su transparencia, una gran cantidad de historias, emociones y relatos que la convierten aún a día de hoy en un emblema del valor y la singularidad.

La elegancia vive en la tierra

Al igual que nuestra empresa está vinculada a la historia, la cultura y la tradición de su tierra, también el diamante surge en todo su esplendor en las profundidades, encerrado en un cofre, a la espera de que las delicadas manos de los gemólogos y orfebres le rindan honor y le permitan lucirse de forma incomparable. El diamante, más que cualquier otra piedra, ha convertido sus facetas en símbolo de estado que revelan sus dualidades: dureza/amor, transparencia/profundidad, luz/sombra.

Estas dicotomías permiten que el diamante sea el símbolo de la totalidad, de lo único, de la unión en la diversidad, convirtiéndolo en la estrella de la producción orfebre destinada al sentimiento más noble y puro: el amor.

La pureza vive en mí

Para fabricar sus colecciones propias, los gemólogos y expertos de Recarlo seleccionan solo los diamantes más puros, que respetan por completo los más altos estándares de calidad. «De la totalidad al diamante» sería el título perfecto para contar la historia del proceso de extracción de esta maravilla de la tierra: para obtener un gramo de diamante, la cantidad de roca extraída es de 50 a 150 toneladas, según el yacimiento, y solo el 20 % tienen una calidad que permite seleccionarlos para nuestras obras maestras de orfebrería.

Eternidad es mi nombre

Gracias a su encanto, su durabilidad, su imperturbabilidad y su rareza, desde el principio de los tiempos, el diamante se considera una referencia real para calibrar la importancia, la riqueza y el valor de un regalo. Las propiedades y la composición molecular del diamante son una demostración más de que esta piedra es el icono que encierra en sí símbolos que trascienden el tiempo: la indisolubilidad y la eternidad. Vínculos, átomos, amores, luz. Todo esto en la punta de la piedra más preciosa, que convierte las joyas Recarlo en piezas únicas destinadas a conservar todo su esplendor a lo largo del tiempo.