¿Por qué el diamante simboliza el amor?

Desde la antigüedad, el diamante siempre ha sido el símbolo del amor eterno. La etimología de la palabra deriva del término griego adamas, cuyo significado es «invencible» o «indestructible», como el vínculo y las promesas que unen indisolublemente a dos amantes para siempre. De hecho, el diamante es el material más duro y resistente del mundo, y esta característica distintiva refleja la idea de un amor resistente, duradero e inmortal.

Dado su brillo excepcional e inigualable, el pueblo griego consideraba esta piedra como el fruto de las lágrimas derramadas por los dioses, o como fragmentos de estrellas arrojados sobre la tierra. Según la leyenda, las flechas disparadas por Cupido, el dios del amor, tenían la punta de diamante, imprescindible para hacer que los dos amantes se enamorasen.
Hasta el siglo XV, solo los reyes podían permitirse el lujo de llevar diamantes: representaban fuerza, coraje, invencibilidad, riqueza y amor.
La tradición de ofrecer a la persona amada un anillo de compromiso adornado con un diamante se remonta tan solo a 1477, cuando María de Borgoña recibió este regalo del archiduque Maximiliano de Austria: a partir de ese momento, el vínculo entre el diamante y el amor no se ha apagado.
El diamante es raro, al igual que es raro encontrar un alma gemela, conocerse y no perderse nunca. El diamante es puro, al igual que es puro el amor que une fuertemente la vida de dos personas en un vínculo indisoluble.
Para sellar tu promesa, elije un diamante Recarlo y declara tu amor eterno.